¿Es hora de nuevos movimientos por parte de los principales bancos centrales?

Los mercados así lo esperan en una situación de peligrosa combinación: deflación y sin despegue claro el crecimiento… foco de atención actual de las máximas instituciones monetarias. Por tanto, generar inflación para conseguir crecimiento, a priori la receta es asequible pero los mercados no son matemáticamente predecibles… y las expectativas todavía se mantienen cautas.

Entonces, ¿hay riesgo en el mercado? Si por riesgo entendemos volatilidad o variaciones rápidas y elevadas de precios, no se detectan señales evidentes. Es más, aquellos activos tradicionalmente considerados de alta rentabilidad y, por tanto y según la ortodoxia financiera, de elevado riesgo, no ofrecen señales claras en una relación tan manida como la comentada. Marcados de Renta Variable en máximos y renta fija en mínimos no permiten concluir fehacientemente en riesgos potencialmente altos. Pero esto no viene a significar que no hay riesgo, sino más bien que el componente del riesgo ha cambiado.

¿Medidas estrictamente monetarias? A este respecto, las sucesivas inyecciones de liquidez se han llevado a cabo, básicamente, de tres maneras: bajadas históricas de tipos de interés cercanos al 0% préstamos “blandos” que suponen masivas inyecciones de liquidez al sistema (Japón es el que lo ha conseguido en mayor medida) o compra de bonos privados y públicos con los que inyectar liquidez indirectamente al mercado (la FED y sus conocidas Quantitative Easing).

Las medidas que estudia el BCE. La máxima institución monetaria, agotada la vía de las medidas ortodoxas, podría plantear lo siguiente: en primer lugar si se plantease tocar tipos, considerando el nivel actual, la rebaja tendría un impacto mínimo sobre el mercado.

¿Qué queda, pues? Tras las inyecciones masivas de liquidez, las conocidas como LTRO, el BCE busca otra vuelta de tuerca: las TLTRO, es decir, inyecciones de liquidez pero mediante el respaldo de activos o asset back securities (ABS). No obstante, pensamos que, en realidad, el mercado está a la espera de un esperanzador Programa de Quantitative Easing. Esta resultaría la medida más revolucionaria y con cual terminaría siguiendo los pasos de la FED. Sería factible activar el próximo año un plan de compra de deuda tanto corporativa como soberana, lo que ha impulsado movimientos en los mercados de negociación de deuda, cuando precisamente la rentabilidad a dos años de los bonos de seis países (Francia, Alemania, Holanda, Austria, Finlandia y Bélgica), está en valores negativos. En la práctica, son un signo de grandes problemas ya que recuerda hasta qué punto están distorsionados los mercados financieros, y lo precarias que siguen siendo las perspectivas para la eurozona.

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