Asia, apuesta de futuro | José Ramón Sánchez

Asia, apuesta de futuro

Nuevos acuerdos comerciales: ya no son globales, sino regionales: el Acuerdo de Asociación Trans-Pacífico (TPP) y el Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversión (TTIP) son una buena muestra de ello. Por otro lado,  cierto alivio necesario en Europa: se ayuda a Grecia con 10.0000 millones de euros y se reestructura su duda, aunque no al gusto de todos en contraste con un PIB británico menor de lo previsto… Incertidumbre que ya generan ideas sobre la expansión de la emisión de deuda a cien años… y atención a Asia que sigue siendo una verdadera apuesta a futuro…

 

La nueva estructura mundial ya no pasa por países: se centra ahora en acuerdos regionales cada vez más complejos ¿Posible causa principal? La liberalización del comercio; de aproximadamente 70 en 1990 a casi 300 en la actualidad. Y, hoy en día, como caso representativo, el Acuerdo de Asociación Trans-Pacífico (TPP) y el Tratado Trasatlántico de Comercio e Inversión (TTIP).

Y en Europa ambivalencias: 1) De un lado, al parecer, un cierto respiro desde Grecia. El Eurogrupo acuerda, tras una maratoniana reunión, desembolsar a Grecia 10.300 millones de euros: 7.500 millones a principios de junio y el resto después para que el país haga frente a algunos de sus vencimientos y asuma gastos de primera necesidad durante el verano. Y el PIB británico creció un 0,4% en el primer trimestre, que a pesar de ser positivo, ha sido inferior a lo esperado por lo que parece señalar que la economía británica se ha estancado (el informe definitivo, se dará a conocer el 30 de junio), debido en parte a la incertidumbre creada por el próximo referéndum sobre la pertenencia a la Unión Europea…

¿Será la incertidumbre? Lo cierto es que no se descarta una mayor profusión por emitir bonos a cien años, en busca de una mejor rentabilidad con alternativas que superen a las actuales. La política de tipos bajos puesta en marcha por el Banco Central Europeo, la Reserva Federal de Estados Unidos o el Banco Central de Japón, entre otros, ha generalizado situaciones ajenas a la lógica económica en las que los inversores tienen que pagar por prestar su dinero. Y ya no solo a algunos Estados, sino también un gran número de empresas. No hay que olvidar, además, que hay inversores con perfil más conservador, como aseguradoras o fondos de pensiones, a los que la regulación obliga casi a optar por alargar duración, dado que invertir en créditos de menor calidad les penaliza en términos de solvencia.

Y Asia se perfila como una verdad futura de crecimiento. Así, las últimas estimaciones apuntan a que la Unión Europea crecerá este año un moderado 1,8% muy lejos del 5,7% en que lo hará de media Asia, siendo China, uno de los motores junto a India, responsable del 40% del crecimiento de la economía mundial, como ya lo fue entre 2009 y 2014.  Pero también hay datos optimistas, por ejemplo, Filipinas donde las previsiones se están confirmando (creció un 6,9% en el primer trimestre del año en relación con el mismo periodo del año anterior), gracias al gasto de las Administraciones Públicas y Japón del cual se esperaba un avance económico anémico de solo dos décimas y que, finalmente, ha sido del doble, un 0,4%, lo que en tasa anualizada arrojaría un crecimiento de un 1,7% por el fuerte crecimiento ¡de un 0,5% en el consumo de los hogares, responsable del 60% del Producto Interior Bruto (PIB) del país y de un ligero aumento del gasto público.

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